PABLO, UN RADICAL SEDUCIDO POR CRISTO
En todos los
rincones de la Iglesia, queremos subrayar en la teología y en la praxis, la persona
de Jesucristo, su proyecto del Reino, y...sus consecuencias!
En este espacio,
buscaremos iluminación y estímulos, a partir de la persona de Pablo de Tarso, y
sus experiencias del Señor Jesús.
Pablo es un
hombre con una personalidad gigante y compleja al mismo tiempo.
Providencialmente pertenece a dos civilizaciones: la judía y la griega. Y vive
dentro de las estructuras del Imperio romano. Estas circunstancias van a
favorecer su gran misión de traducir el evangelio, nacido en ambiente judío y
rural, a la cultura griega y urbana.
Pablo tiene un
carácter recio. Recordemos sus discusiones cara a cara con Pedro (Gal 2,11s), o
las tensiones con Bernabé, a causa de Marcos (Hech 15,36s), o los adjetivos que
usa para reprender a los gálatas (Gal 3,1s). Son también famosas las ironías y
palabras fuertes contra sus adversarios (Fil 3,2s; 1 Tes 2,15s; 2 Cor 10,10s).
La reciedumbre
de Pablo, está mezclada admirablemente con sentimientos profundos de amor y de
ternura. El Apóstol no es un robot incansable que predica técnicamente el
Evangelio, ni es un hombre obsesionado con ideas moralizantes. Pablo es una
persona que tiene un cariño comprometido, personalizante, con sus comunidades.
Evangelizar y encarnar en su amor el amor de Cristo, para él son la misma cosa!
Este amor está esparcido en todas sus cartas. Es proverbial su amor especial
por la comunidad de los filipenses, el amor por los de su raza (hasta desear
estar separado de Cristo, si eso redundara en bien de los judíos!).
Veamos unos
fragmentos de la Primera carta a los
Tesalonicenses:
"Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser
apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con ustedes, como una madre cuida con cariño a sus hijos. De
esta manera, amándolos a ustedes, queríamos darles no sólo el Evangelio de
Dios, sino incluso nuestro propio ser, porque habían llegado a sernos muy
queridos" (2,7-8).
"Como un padre
a sus hijos, lo saben bien, a cada uno de ustedes, los exhortábamos y
alentábamos..." (2,11-12).
Pablo es un
radical, antes y después del "acontecimiento de Damasco". Es un
apasionado, alma de fuego: perseguidor encarnizado de la Iglesia, siendo
coherente con su celo fariseo (Hech 8,1s; 9,1s); después, discípulo tercamente
convencido de que nada absolutamente lo podía arrancar del amor de Dios,
manifestado en Cristo Jesús (Rom 8,31s). Ni sus adversarios, ni las
ingratitudes, ni las prisiones, ni los mil sufrimientos que enlista en 2 Cor
11. Ciertamente a Pablo nadie puede acusarlo de tibieza o mediocridad!
Pablo es un
seducido por Cristo. Se llenó de él. El encuentro con El que se inició en
Damasco, le quebró todos sus esquemas, le hizo sentir ridículo ante sus
criterios y seguridades. Pablo experimentó así la gran crisis de su vida: se
quedó desnudo ante el Señor! Y solamente así vacío, pudo llenarse de El.
Pablo es un
hombre sincero, noble, desinteresado (anuncia gratuitamente el Evangelio,
trabaja con sus manos, comparte sus bienes). Sabe orar, y explotar en acción de
gracias, ante las maravillas que obra Dios en las comunidades. Es un hombre que
insiste en la alegría como señal distintiva de los cristianos. Es misionero
fecundo, realista, reflexivo, pastor, teólogo, místico. Y junto con este monte
de virtudes, tiene obviamente defectos. No es perfecto! Pablo a veces se
desalienta, es extremista, cólerico, celoso...
Pablo no es
solamente un testimonio interesante del pasado, que puede hablarnos de
Jesucristo. Las perspectivas paulinas, tienen una actualidad impresionante, que
no se quedan en recuerdos o conceptos doctrinales. Tienen la fuerza de iluminar
y provocar praxis revolucionarias en nuestras búsquedas personales, sociales,
eclesiales. Nos ayudan a afinar criterios de fe, con conciencia crítica, para
vivir nuestra misión de traducir el Evangelio en nuestra Historia.
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